LA TRANSICIÓN NÓMADA-SEDENTARIO-URBANO

ERNESTO MIRANDA MÉNDEZ

Hasta los días paleolíticos, los únicos medios conocidos por el hombre para proveerse de alimentos eran la recolección, la caza y la pesca. Esta forma de subsistir le obligaba a estar en continuo desplazamiento, ya que sólo podía habitar en un sitio hasta que en él hubiera alimentos disponibles, y una vez agotados éstos le era necesario emigrar. En su andar tras el sustento, algunos de estos grupos humanos optaron por aventurarse a territorios desconocidos, en los que ni ellos ni otros hombres hubieran jamás puesto el pie; esto quizá porque arribar a un paraje virgen era promesa de conseguir abundante caza, pesca o vegetales que recolectar, sin que existieran otros grupos con los cuales tener que disputar los recursos del lugar.

El constante peregrinar de aquellos antepasados llevó a que hacia el 15,000 a.C. ya hubiera presencia humana en todo el planeta. Para ese entonces, varios grupos habían encontrado la forma de evitar tener que estarse aventurando a lo desconocido, pues aunque seguían siendo nómadas, aprendieron a explotar de manera periódica determinados sitios de un solo territorio. En tales sitios construía tiendas o chozas que le sirvieran de refugios, los cuales aun cuando fueran de constitución frágil, cumplían bien su cometido, pues solo serían utilizados mientras hubiera alimentos disponibles en el entorno, ya que al agotarse éstos por los cambios estacionales o por la misma acción del hombre, se emigraría a otros sitios. La vuelta a cada sitio quedaría prevista para el año siguiente, cuando la naturaleza hubiera repuesto la flora y la fauna de la que una vez más el hombre se valdría para subsistir.

EL PASO AL SEDENTARISMO

Paralelamente a sus actividades de caza y recolección de alimentos, algunos grupos humanos comenzaron a desarrollar la actividad que a la postre haría posible evitar tener que estar viajando en pos del sustento: la agricultura. Aunque en sus inicios, por ser escasamente dominada y consecuentemente poco productiva, esta actividad funcionó solamente como complemento de la depredación, al posteriormente perfeccionarse, produjo junto con la domesticación de animales –otro avance de la época– el logro que permitiría la creación de los primeros asentamientos humanos permanentes: obtener todos los alimentos necesarios para la subsistencia explotando una sola área.

El emplazamiento de aquellos primeros asentamientos humanos se hacía en los lugares más favorecidos por la naturaleza para tal propósito, es decir, en las inmediaciones de una fuente o curso de agua y próximos a terrenos cultivables; las viviendas que los integraban eran tiendas de pieles o chozas de troncos y ramas; sus soluciones de distribución surgían de manera instintiva como respuesta franca y elemental a las necesidades de acceso, circulación y defensa; se reservaba un solar, casi siempre al centro, para la vivienda del jefe y el adoratorio, y todo el conjunto se resguardaba con alguna barrera –empalizada, foso, etcétera– que sirviera como defensa ante un posible ataque por parte de moradores de alguna aldea vecina o de algún grupo errante.

A pesar de su sencillez, estas primitivas aldeas jugaron un papel decisivo en la historia, pues en ellas se produjeron dos fenómenos básicos para el progreso de la humanidad que en condiciones nómadas jamás se hubieran dado. A saber:

1. Un mayor crecimiento demográfico (una sociedad sedentaria puede reproducirse más y cuidar mejor a sus crías que una sociedad nómada).

2. Un menor tiempo dedicado a la obtención de alimentos (el nómada empleaba sus días casi exclusivamente en buscar alimento; el sedentario, aunque invertía bastante tiempo en sus labores agrícolas y ganaderas, al final obtenía mayor cantidad de alimentos en proporcionalmente menos horas, por lo que le quedaba tiempo libre para otras tareas).

Estos fenómenos llevaron a que hubiera un excedente en las manos y tiempo necesarios para la generación de alimentos, excedente que al emplearse tanto en perfeccionar las actividades destinadas a hacer más cómoda y segura la existencia (cestería, curtido de pieles…) así como en el desarrollo de nuevas actividades encaminadas al mismo propósito (cerámica, tejido…), hizo que decididamente la calidad de vida del hombre sedentario fuera muy superior a la del nómada.

LAS PRIMERAS CIUDADES

La mejoría que a la vida del hombre trajo el sedentarismo fue razón suficiente para asegurar la pervivencia de las primeras aldeas, algunas de las cuales evolucionarían para obtener las características que las convertirían en las primeras ciudades: aumentar significativamente su población tanto por reproducción natural como por migración, aumentar la calidad y durabilidad de sus construcciones, poseer los primeros servicios de infraestructura, generar empleos rentables además de los relacionados con las actividades agropecuarias, acrecentar su intercambio de bienes y servicios con el exterior, ejercer dominio sobre parte de su entorno, etcétera.

Pero, ¿cuáles fueron los factores que llevaron a las aldeas ha adquirir estas características y así convertirse en ciudades? Aunque el dominio de las actividades agrícolas y pecuarias, requisito indispensable para la formación de las aldeas, fue necesario para la formación de las ciudades primigenias, no fue factor suficiente, sino que habría de ser complementado por una serie de condiciones que de manera general pueden ser englobadas en dos íntimamente relacionadas: la división del trabajo y la conformación del Estado.

En efecto, porque si bien la sola estabilidad conseguida por los hombres al sedentarizarse fue elemento suficiente para que su progreso se acelerara notablemente en comparación al de su pasado nómada, no fue sino hasta que cada integrante de la sociedad se hizo cargo de una labor específica –construcción, fábrica de herramientas, comercio, transporte, almacenamiento de víveres… y, por supuesto, agricultura y ganadería– que en cada tarea se obtuvo un grado de desarrollo y perfeccionamiento suficiente como para alcanzar la evolución tecnológica necesaria para dar origen a la ciudad. Pero esta tecnología de poco hubiera servido sin la existencia de un Estado organizador que determinara la forma en la cual cada hombre habría de aportar su trabajo para delinear la ciudad, levantar edificaciones, construir murallas, desarrollar sistemas de infraestructura…, y así, conseguir que efectivamente los beneficios generados por la tecnología fueran empleados para la conformación de la ciudad.

En suma, se puede apuntar que la aldea fue resultado del aprender a producir alimentos conseguido gracias a la agricultura, pero para la creación de las ciudades fue además necesario una desarrollo y especialización de la tecnología, así como la conformación de un Estado que coordinara el aprovechamiento de los frutos de tal tecnología.

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One Response to LA TRANSICIÓN NÓMADA-SEDENTARIO-URBANO

  1. Me sirvió de mucho saque buena nota

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